XXXI) Gacetilla Taurina: Torear y estoquear con un pañuelo…(2/2)

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Igualmente, Francisco Arjona (Cúchares), que actuó en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla el (25-06-1855), en aquella tarde desastrosa, pues se hirió un pie con el estoque –tal y como el novillero Antolín Arenzana (Recajo), el (09-04-1911) en Madrid-, no pudiendo torear hasta el (03-07-1855), en Valencia, tuvo el valor al reaparecer, de estoquear su primer toro vaciándole con un pañuelo por muleta. Cinco años después, concretamente el (21-07-1860), José Rodríguez (Pepete), lidió al toro, llamado Corcito, de la ganadería de don Manuel García Puente, de Colmenar Viejo (Madrid), la Tierra de Toros, en el coso de Alicante, al que después de recibir 24 varas, Pepete, tras ser desarmado por el agresivo burel, le entró a la suprema suerte con un pañuelo. El (25-08-1883), el matador José Machío, lidió el astado, de pelo retinto, albardado, de nombre Avellano de don José Padín, en Segovia, llegó tan bravo y noble a la muerte, que Machío tiró la muleta fuera de su alcance, le citó con un pañuelo y lo acabó de una buena estocada

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Pero el pañuelo sirvió a otro diestro, muy familiar a los aficionados portuenses de aquel tiempo, Manuel Hermosilla y Llanera –señó Manué-, para matar a un toro… por primera y única vez en la historia de la Tauromaquia, aconteció lo siguiente: Toreaba una tarde en Segovia con Salvador Sánchez Povedano (Frascuelo) y Ángel Pastor…,pero dejemos nos lo cuente don Aniceto Marinas García: “En mi ciudad natal, en Segovia. El cartel lo formaban –los diestros citados- …y Ángel Pastor reaparecía después de una cogida grave –que no hemos podido saber dónde fue-, que lo tuvo varios meses apartado de los ruedos. Frascuelo era el ídolo, el famoso, el torero a quien se iba a ver. Los demás completaban el cartel, pero no eran la base atractiva. Esto traía muy quemado a Hermosilla, que tenía mucho amor propio. Fruto de este orgullo profesional fue el de matar un toro recibiendo como no he visto jamás a nadie. Llegado el momento, y ante la expectación de la plaza entera, que se dio cuenta de que iba a recibir al animal, Hermosilla trazó una raya en el suelo delante del toro, extendió el pañuelo, puso los pies sobre el cuadrado blanco y citó. El toro se arrancó como una flecha, y Hermosilla lo recibió de manera que fiera y hombre rodaron al mismo tiempo, la primera sin vida, de resulta de la estocada perfecta –de ahí el decir la famosa estocada, de Segovia-, y el segundo indemne, para levantarse enseguida y recoger la ovación estruendosa. Frascuelo, aquella tarde, quedó apagado, ya que no tuvo suerte al matar y atravesó a uno de los toros con la espada. ¡Y qué torazos eran aquellos!

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Autor

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ZALDÍVAR ORTEGA (Juan José.). Doctor en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad de Córdoba. Nació en la ciudad de Puerto Real (Cádiz), el (20-08-1933)

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