XXXI) Gacetilla Taurina: Diversos juegos taurómacos (1/2)

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A lo largo de la evolución del toreo se han dado las más curiosas variantes, algunas de las cuales tomaron cuerpo y se consolidaron, pero siempre acordes con un determinado medio ecológico y de la mano del carácter de los hombres y el ganado bravo o silvestre, acorde con dicho medio, en los países que ofrecen espectáculos taurinos. Así, por ejemplo, en Francia, a principios del siglo XVIII, es decir, desde 1700 en adelante, coexistieron dos juegos taurinos, dos tipos de diversiones taurómacas, tal y como hoy en la Provenza: la ferrade, en el que los toros son hostigados por vaqueros expertos a caballo, hasta que fatigados en extremo las reses, los jinetes se apean y los tumbas cogiéndolos por los cuernos y la cola, y la corrida o brega de toros, en la que se trata de arrancar escarapelas coloreadas sujetas en los cuernos de los animales más furiosos. Este último espectáculo gozó de gran favor, y un testigo de la época, M. Pierre Véran, cuenta que el (20-05-1805), más de diez mil espectadores extranjeros asistieron a la

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fiesta brava ofrecida en la Plaza de Toros o anfiteatro de la ciudad de Arlés, en el coso llamado del Mercado, con ocasión de la inauguración del obelisco elevado en este sitio en honor del emperador Napoleón. “El ruedo –escribió el cronista Véran- estaba lleno de jóvenes que sólo tenían como arma una varilla con la que hostigaban a los toros, y un pañuelo de color rojo para atraerlos hacia ellos.” El empleo de este pañuelo es particularmente interesante; ya que es, en efecto, la primera vez que en una región donde los toreros españoles no se habían presentado aún, se hace mención de un señuelo de esas características. Se trataba, como se hacía muchos siglos antes, de encolerizar a los animales a como diera lugar, lanzándoles dardos, garapullos y azagayas de diversos tamaños y nombres, hasta dejarlos exánimes. En realidad se trataba de actos, protagonizados multitudinaria y verdaderamente bárbaros. Durante siglos, los ruedos estaban, especialmente en los festejos pueblerinos, al modo algarabías desenfrenadas, sembrados de personas de todas las edades, unos correteando a los animales, otros maltratándolos de las más diversas formas y provocándolos incesantemente y los más en posición de saltar al olivo para evitar cornadas. Las corridas eran todo menos espectáculos serios. Tal y como en las corridas landesas (* a pie de la siguiente página), se otorgaban premios a los campeones que arrancaban las escarapelas. Consistieron aquella tarde en “dos tazas de plata, que fueron distribuidas, al son de sendas piezas de música, por el prefecto a los dos de ellos que consiguieron quitarlas.” Todavía se distribuían premios del mismo género, como da fe el curioso programa –el más antiguo que se conoce- de una corrida que tuvo lugar en Tarascón el (20-07-1834). El mismo

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ZALDÍVAR ORTEGA (Juan José.). Doctor en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad de Córdoba. Nació en la ciudad de Puerto Real (Cádiz), el (20-08-1933)

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