xxx) Gacetilla Taurina: Una Fecha Trágica. (1/2)

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El día (04-09-2004), tras el gravísimo percance sufrido por el diestro sevillano Manuel Jesús (El Cid), en la Plaza de Toros de Mérida, recordamos oportunamente a los visitantes del Portal Taurino: www.laplazareal.net; cuya información ampliamos ahora en este II Libro de Gacetillas, que tal día fue verdaderamente trágico en la historia de la Tauromaquia, y muy movido en acontecimientos históricos. Siguiendo la ruta cronológica del siglo XIX, el diestro sevillano Juan Yust, nacido en Sevilla, en el célebre barrio de San Bernardo, en el año 1807, falleció en Madrid la madrugada del (04-09-1842), a los 35 años de edad, según se dijo, de un violento cólico (¿apendicitis?). Esta historia, curiosamente, comenzó en El Puerto de Santa María, en la temporada de 1838, ya que le vio torear en nuestra Plaza de Toros el diestro Juan León (Leoncillo), a cuya corrida había ido con esa exclusiva finalidad, y se quedó altamente sorprendido; le dio la enhorabuena, confirmando que estaba hecho todo un matador de toros. Efectivamente, los años 1839 y 1840 se disputaron a Yust todas las empresas de España, tratando los públicos de enfrentarlo nada menos que con el chiclanero Francisco Montes (Paquiro), quien por cierto no sintió el menor recelo y, en todas las ocasiones prodigó elogios al mérito del que el público quería presentarle como rival. Ciertamente, fue en sus comienzo un verdadero prodigio, lo cual ya entrañaba encajar en los designios o malos augurios que sufrieron la mayoría de los que así fueron considerados con grandes elogios tempranamente. Recordaba Velásquez y Sánchez, en ese sentido, que en una corrida de 1840, al pasar Yust de muleta a su primer enemigo –no señala dónde- le advirtieron desde el tendido que se le habían soltado los cordones de los machos del calzón, y delante de la misma cara del toro, dejó la espada y la muleta sobre la arena, puso el pie derecho en el estribo de la Una Fecha Trágica.

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barrera, se ajustó los cordones, apretando sus lazadas, recogió con total serenidad los trastos de matar y citando al bicho cambiado por delante, echándolo a las tablas, alarde que provocó los mayores elogios del público. Ese mismo año le retrató, venciendo la repugnancia del diestro, el pintor Cabral Bejarano, que aparece en la imagen litográfica que reproducimos. El día (04-04-1842) hizo su presentación en la Plaza de Toros de Madrid, que entonces estaba ubicada en los extramuros de la Puerta de Alcalá, como matador de toros, con todos los honores de primer espada, cediéndole su antigúedad Roque Miranda. El entusiasmo de los aficionados madrileños por él fue extraordinario, llegando a arrojar coronas de laurel a la Plaza (*) y estimándole todos como la única figura de aquél momento que podía equipararse al gran Paquiro. Todo parece indicar que a mediados de la temporada, Juan Yust no se debería sentir bien de salud, porque según El Heraldo (**, a pie de la página nº 12) de Madrid reseñó un día después la corrida celebrada en su Plaza de Toros, ubicada en los extramuros de la Puerta de Alcalá, la tarde del lunes (12-06-1842), estaban anunciados, entre los picadores: Juan Gutiérrez (Montañés) y Joaquín Coyto (Charpa); y los espadas: Juan Yust y Francisco Arjona Herrera (Cúchares), figurando de sobresaliente Isidro Santiago; pero aunque esto se anunciaba, como «de anunciar a hacer hay gran trecho», Yust, sin presentar excusa alguna, no se presentó en la Plaza. (*) Curiosamente, un mes después, el 11 de mayo, y también en Madrid, según he podido leer, en El Correo Nacional, de Madrid, se publicó la reseña de esa corrida, con toros de D. Juan José de Fuentes, de Morralzarzal, que se lució con sus seis toritos. Al más bravo, que fue el último, le pinchaban en el hocico y como si tal cosa: sobra y basta, basta y sobra para que se forme una idea de los tales animalitos. El primer toro, llamado Limón, de pelaje castaño lo mató Yust –vestido en verde con caireles de plata-, de un infame golletazo, al que le encontramos disculpas, si bien de mala gana, porque el toro desarrolló mucho sentido en el último tercio. Y decimos de mala gana, porque Yust no está todavía bastante acreditado en Madrid para hacer esas marrullerías. Al segundo toro,de nombre Cabrito, que pertenía a Roque Miranda, Yust le dio varios recortes en los tercios, y lo sacó por la cola, dando varias vueltas. Al tercero, de nombre Venado, de pelaje castaño, lo mató Yust de una por lo alto atravesada y a volapié, y de un «mete y saca» también alto, descordándolo. La primera de las estocadas atrajo sobre el matador una lluvia de silbidos muy bien ganados, porque le atizó el espadín al animalito cuando estaba echado, lo cual no creemos que sea un método nuevo de matar toros, sino el medio más expedito del mundo para desacreditarse ante un público que no dejaba de suspirar por Montes. Y al fin si no supiera Yust hacer otra cosa, pase; pero cuando no es así, no tiene perdón de Dios, y esté seguro que tampoco lo tendrá en la Plaza de Madrid. En el quinto, de nombre Peregrino, salió Yust a evitar seguir manchando su honra. Lo consiguió satisfactoriamente, yéndose sólo a la cabeza del bicho, donde lo encontró, trasteándolo con inteligencia y valentía, y matándolo de una buena recibiéndolo. Esa es, señor Yust, la senda de la gloria; a seguirla.

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ZALDÍVAR ORTEGA (Juan José.). Doctor en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad de Córdoba. Nació en la ciudad de Puerto Real (Cádiz), el (20-08-1933)

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