XXVIII) Gacetilla Taurina: Las «jechuras» del Toro de Lidia (VII) (Instinto, bravura …temperamento – continuación). (1/2)

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El tema de la bravura es en cierto modo interminable y, si como se asegura, es un carácter hereditario, no ha podido ser por lo tanto grabado genéticamente por ningún ganadero, ¡por nadie!, siendo el único realmente palpable entre los de carácter psíquico y es el que precisamente perpetúa tan original raza bovina, como quedó señalado en el párrafo anterior. Ello quiere decir que en todos los toros hay un gen o varios que contienen diferentes dosis psíquicas y temperamentales de fiereza y agresividad súbitas, de irritabilidad, reacciones del carácter bravura en sus diferentes biotipos constitucionales, pero también mansedumbre. Así que los ganaderos lo que hicieron fue seleccionar, mediante eliminación, los toros que no reunían las condiciones que ellos buscaban -los que en cada etapa histórica querían los toreros-, dejando los que mediante diversas pruebas ellos estimaban que eran los más bravos y nobles, resultando que crearon ganaderías con las características personales, con la forma de pensar, de cada ganadero, reflejadas incluso en el tipo y tamaño, de los toros. Llevar a cabo esa tarea de seleccionar valores o factores tan variables, entre ellos la bravura, es naturalmente un oficio costoso y lento, nunca ciencia y menos un invento, porque los valores están muy dentro del toro, tan formando parte de los animales que a principio del siglo XIX de 100 toros lidiados, el 50 por cien atacaban con visible temor o lo intentaban, pero casi automáticamente huían, es decir, eran mansos; el 40 por 100 regularmente atacaban y muchos con cierta insistencia, en cuya proporción se encuadran los que berrean y escarban; y solamente el 10 por cien se consideraban bravos. Las cifras se han invertido en algunas ganaderías, muy pocas. Así que decir que debemos a la intuición a los viejos ganaderos el milagro de la bravura, siguiendo “los más modernos métodos de la zootecnia, mucho antes de que fuesen inventados”, es repartir el Don de la Sabiduría a diestra y siniestra. En ese sentido, el diestro de la armonía, de la suavidad y de la cadencia frente a los toros, Domingo López Ortega dijo un día a Mariano Gómez Santos que “el hombre no le ha dado la bravura al toro, que no se la ha administrado a cucharadas” y que “con el toro bravo ocurre lo que con el hombre, que nadie sabe lo que dará de sí un niño de cinco años cuando llegue a los 25.” Álvaro Domecq y Díez, al final del capítulo 31, titulado “El secreto de la bravura”, acepta que “cada toro es distintos, diferente, y, de ahí, las dificultades del torero, que ha de comprenderlo, darle su medida, y aun su ritmo y su tiempo…” Son tan distintos, tan diferentes, como son los ganaderos que los crían y seleccionan.

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Autor

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ZALDÍVAR ORTEGA (Juan José.). Doctor en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad de Córdoba. Nació en la ciudad de Puerto Real (Cádiz), el (20-08-1933)

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