XLV) Gacetilla Taurina: ¿Cuándo estaremos de acuerdo?

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En la Fiesta Brava? ¡Nunca! ¡Ese es el gran enigma del “arte único! Fíjense como será el asunto, que hace ahora más de dos siglos, concretamente en 1797, un autor francés, Bourgoing, escribió en su «Cuadro de la España moderna: ¡Que el circo! –la plaza de toros-, presenta un golpe de vista imponente; que la pasión de los españoles a estas fiestas nada influye en la moral, ni altera la dulzura de sus costumbres, y que el riesgo de los toreros es mucho menos de lo que se exagera; que durante nueve años que asistió a la fiesta de toros, sólo había visto a un toreador muerto de resulta de sus heridas; y que había conocido algunos extranjeros de instrucción y exquisita finura, a quienes al principio acongojaba este espectáculo, encontrar después en él un atractivo irresistible.”
Y es que la “fiesta de los toros” o la “Fiesta Nacional Española” no es un deporte, un juego, una competición o una mera diversión…, aunque tiene un poco de todo; pero, especialmente, “un contenido filosófico, mítico y esotérico y, en nuestro caso, es exponente de la grandeza de un pueblo” (Prólogo del editor Víctor Scholz al libro de Aulestia). En ese sentido, también Fernando Díaz-Plaja echó su cuarto a espadas en lo de analizar y defender el fenómeno de las corridas de toros en El Español y siete pecados capitales, cuando dice: “La crueldad española es una circunstancia vital nacida al influjo de la dureza que ha rodeado al español desde niño. La crueldad del español no llega nunca al deleite; acepta el dolor, la sangre y la muerte como parte integrante de la vida humana, pero no se refocija contemplándola ni le parece bien extremarla. El sadismo es excepcional…”

 

La «Fiesta brava» tuvo sus cimientos como «montería» en campo abierto y después en los cosos. (Discurso sobre Montería, de Argote de Molina. Edición de Sevilla, 1582. (Bibl. Nacional.)

No debemos perder de vista que un estimable tanto por ciento de las plazas de toros que existen en España –aunque en menos proporción en otros países- pertenecen a entidades de carácter benéfico… Este hecho lo ignoraran hasta las personas cultas, que se sorprenden cuando comprueban que los recursos recaudados en las corridas celebradas en muchas plazas se destinan a curar enfermos o para atender a los ancianos, en toda una serie de atenciones que el Estado no podría absorber… Por otro lado, Unamuno, que no era amigo de torerías, escribió que “los pueblos necesitan de algo viril para no caer en la molicie.” La realidad es que las corridas de toros no perjudican a nadie y son, pues, muchísimas las personas que de un modo u otro de benefician de ellas… Por ello, uno cae en la tentación de calificar de “malos e ignorantes a los españoles que desprecian lo nuestro poniéndolo en tela de juicio y defendiendo los foráneo, aunque esté adornado de mayores defectos…”
Del citado apego a lo foráneo, “de esta intrusión forastera –escribía D. Santiago Ramón y Cajal a sus ochenta y dos años de edad- sufren hasta nuestras inveteradas y no muy humanitarias corridas de toros, no obstante contar éstas con su clientela especial, en la que me ufano no haber figurado nunca…” Dijo también nuestro Premio Nobel, tras enumerar nuestro deporte, que “en desquite, se han desarrollado monstruosamente, con esa furia inconsciente con que el español –y mexicanos, agrego- acoge todas las frivolidades extranjeras…” Calificaba el sabio de bárbaro el pugilismo… y añadía: “Lo que fustigo es la frenética exageración. Y deploro y la idolatría del público hacia ciertos campeones afortunados, consagrándolos como héroes, sin reparar en que no se contentan con sencilla corona de laurel…, sino con opulentos honorarios del profesionalismo… -¡qué diría de los actuales dioses del fútbol… y por lo que cobran-“ “Defecto nacional incorregible es la rebañega imitación de todas las frivolidades extrañas, verdaderas excrecencias parásitas de las civilización universal…”, remataba D. Santiago.
El gran crítico musical D. Antonio Peña y Goñi escribió: “Si los espectáculos cultos, lejos de enseñarme algo y de educar y desarrollar mis buenos instintos, ponen de manifiesto ante mis ojos un mundo de inmoralidad y una exhuberancia de lujo que ciega mis ojos sin tocar el corazón, hoy más que nunca tengo derecho a mis corridas de toros.” Expresaba así mismo López Martínez que “La barbarie consiste en lanzarse el hombre al peligro sin los necesarios medios de defensa, y en la probabilidad, por consiguiente, de perecer víctima de su arrojo… “Las diversas suertes que en las corridas de toros se ejecutan, en vez de excitar la ferocidad, lo que hacen es persuadir a la muchedumbre, más que podría conseguirse con una disertación filosófica, de la gran superioridad de la razón sobre la fuerza bruta.”O como escribió Corrales Mateos: “La hipocresía, la pusilanimidad, el espíritu de extranjerismo y una afectada filosofía, han sido en diferentes épocas los más encarnizados enemigos de la tauromaquia.”


Ilustraciones de los primeros «empeños de a pie», en los que los lacayos, lacayuelos y «chulos» tuvieron un indiscutible protagonismo… y de ellos, con el devenir de los tiempos, salieron los primeros «matatoros.»

 

Sin embargo, esos mismos españoles instintivamente arabizados, cuando se sumergen en sus creencias religiosas, desatan fenómenos de crueldad inimaginables, reacciones fanáticas de una crueldad suicida inimaginable. En las luchas simuladas entre moros y cristianos, las que anualmente se celebran en numerosos lugares de España y Latinoamérica, tienen un especial marco de sadismo en los enfrentamientos que tiene lugar, por ejemplo, en la tradicional Morisma de Bracho en la ciudad colonial de Zacatecas (México), donde cofrades cristianos y turcos mahometanos incorporan todo tipo de vísceras sangrientas de animales que dejan por doquier en el campo de batalla. En esa Morisma, los cristianos vencedores, realizan al final un acto incalificable: sueltan una paloma, representación del alma del rey enemigo vencido, sobre la que decenas de fusileros lanzan sus disparos hasta matarla. ¡Jamás un aficionado permitiría una simulación similar con el alma brava de un toro!

 

Las suertes del toreo serán siempre patrimonio del pueblo llano español porque el toreo nació en el alma y el corazón de los hombres más sencillos.

 

 

De la «anarquía», de arriba, se pasó en esta imagen, en menos de dos siglos, al más puro arte, de José María Manzanares…

 

 

 

 

A los diez años del Siglo XX, un torero irrepetible, D. Juan Belmonte, «creó el toreo estático.»

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ZALDÍVAR ORTEGA (Juan José.). Doctor en Medicina Veterinaria y Zootecnia por la Universidad de Córdoba. Nació en la ciudad de Puerto Real (Cádiz), el (20-08-1933)

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